Nada es comparable a la sensación de abrir los ojos y encontrarme con los tuyos, ser lo primero que veo al despertarme; tú sonrisa, dándome los buenos días seguido de un cariñoso beso. Despertarme un poco más y verme apoyada en tu regazo, con mi cabeza en tu pecho, donde he pasado acomodada toda la noche. Desperezarme y bostezar y escucharte reír, pero ahora te toca a ti: vienen las cosquillas. Nos reímos y seguimos riéndonos sin parar, a ver quien gana la pelea esta mañana. Pierdo, estoy en desventaja, tengo más cosquillas. Paramos y nos miramos, me acaricias la mejilla y me pones el pelo tras la oreja. Me río y me sonrojo, te ríes y me besas. Entonces cierro los ojos y me pongo a recordar, pf, demasiado bonito. Sonrío y te lo digo, muy bajito, te quiero, y antes de dejarte responder que tú más, cosa que es absolutamente incierta, por muy seguro que estés, te beso.
No existe mejor sensación que esta, preciosa, íntima, nuestra, perfecta. A nuestra manera.
No hay nada más bonito que tú, que das sentido a todo. Verte bostezar, hacer como que te enfadas y pensar en lo guapo que estas cuando lo haces, verte reír, que me abraces fuerte, como tú sabes; tus besos, tan llenos de amor, tu forma de mirarme, que consigue sonrojarme; tus manías, tus defectos, tus virtudes... todo ello es perfecto, tú lo eres y contigo, todo lo que te rodea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario