11.27.2012

Hay canciones que, al cerrar los ojos, se convierten en personas


No es porque hagas las cosas fáciles, sino simplemente porque haces que valga la pena hacerlas, que más dará la edad o la distancia el amor supera cualquier barrera. No es porque tengas esa sonrisa o esas maneras, es porque, aunque te cueste creerlo, se han convertido en las únicas que quiero ver a todas horas del día. Alguien me dijo una vez que si crees que algo merece la pena, hay que apostar por ello. Nada se compara a ti; ni la Torre Eiffel, ni un gol en la final de la Champions, ni entrar en el Olimpo de los dioses, ni las mañanas de invierno, ni el frío ni el calor, ni el Empire State, ni un día en Roma, ni los 14 de febrero, ni los reencuentros, ni las estrellas fugaces.
Tampoco el chocolate con almendras, ni el número 15, ni el orgasmo más satisfactorio, ni el mayor chute de heroína, ni una caída a más de 7000 metros, ni una descarga eléctrica que te paralice, ni la banda sonora de Titanic, ni una de 43 con lima, ni las canciones que te hacen recordar, ni tampoco los atardeceres y mucho menos los amaneceres.

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