10.06.2015

Motas de polvo

Hay días que te sientes pequeño. No de esa forma que nos gustaría, despreocupados de la vida, conviviendo con nuestros deseos infantiles de ser felices dejando volar la imaginación, o la cometa. Yo hablo de otro tipo de niñez, esa que sale a flote cuando los días que deberían ser de color se vuelven grises, nada de lo que haces te llena, cuando sientes que algo se ha roto, y quizá más adentro de lo que nos pensamos. Nos sentimos pequeños por el miedo a afrontar lo que vendrá, porque no nos vemos capaces de levantarnos y proponernos solucionar todo lo que no funciona en nuestra vida. Son esos días en los que necesitamos un empujoncito para dejar correr la tensión, para no sentir que se nos cae el mundo sobre nosotros o que algo se ha perdido. Pero simplemente el empujon no llega, y te sientes pequeño. Y solo.



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